Por José Tomás García García y Francisco Francés García
El proceso de globalización lleva emparejadas, cual siamesas, dos tendencias que
parecen indisolubles: integración y desintegración de grupos sociales, comunidades e incluso estadosnación.
Esta desintegración provoca nuevas formas de desestructuración social que deben abordarse a
partir de nuevas estrategias capaces de actuar a distintos niveles, y desde el ámbito local pueden
establecerse puentes que liguen los procesos globales con las redes convivenciales de las que parten los
sujetos en el afrontamiento de los procesos y la construcción de identidades. La participación ciudadana
emerge como el elemento articulador de estas nuevas necesidades, pero el marco de las democracias
representativas induce a una dimensión limitante e inhibidora de las prácticas participativas. La presente
comunicación pretende abordar el proceso de la participación desde el concepto de “empoderamiento”
como enfoque integrador en la validación de los distintos actores sociales en el proceso dinámico de los
mecanismos de definición de demandas colectivas y soluciones. Partiendo de las inercias de las prácticas
instituidas se explica cómo el empoderamiento dota de contenido real al campo de la participación
generando lógicas instituyentes que permiten la puesta en marcha de proyectos que permiten proponer
nuevas formas de implicación mitigando, combatiendo y en última instancia resolviendo las consecuencias
desestructuradoras del proceso globalizador.
Siempre que nos enfrentamos a un problema, una de las estrategias de acercamiento que
podemos adoptar es la ingenuidad, la asunción del discurso ya instituido, la actitud conversa de
creernos que aquello que se repite mucho es porque debe ser verdad. Pues bien, en el fastuoso tema
de la globalización también podremos partir de ese discurso dominante, y lo que nos viene a contar
este posicionamiento es que desde diversas ópticas se ha ido desarrollando una concepción de la
globalización como fenómeno que tiene como medio y fin en sí mismo la integración, ya sea de
individuos, comunidades, territorios o naciones (la ya clásica noción de “aldea global”), una idea de
integración que por supuesto parece que marca una nueva fase de la economía mundial.